La evolución de los balnearios

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

El agitado ritmo de vida que llevamos en los últimos tiempos, ha desatado un estrés casi patológico en gran parte de la población; y llegado el caso, aspectos de la vida cotidiana como trabajo, estudios, familia, o mala alimentación pasan factura; tanto, como para plantearnos la necesidad de una tregua en nuestra alocada carrera, permitiendo que la prisa deje paso por un momento a la relajación y la tranquilidad.

Hablemos de los balnearios.

Por hacer un poco de historia, recordemos que desde tiempos remotos, las tribus han utilizado el agua, y aún el barro, como elementos terapéuticos, basándose solo en el instinto, en la experiencia y en la capacidad de observación para terminar incorporándolos en la cultura popular.

Los antiguos griegos observaban que los animales heridos o enfermos llegaban a un manantial de aguas termales o azufradas, se rebozaban y se mejoraban rápido. Eso les hizo pensar que se trataba de agua sagrada, lo que provocó la adoración de este elemento convirtiéndolo en símbolo de pureza. Tiempos remotos en que la fe era la base de la curación.

En la Edad Media, se comenzó a abandonar la práctica, ya que en la Europa Cristiana renunciaba al ritual de cuerpo-higiene, y se practicaban más los retiros en monasterios; sin embargo para el siglo XVI se le da un giro distinto al ámbito religioso medieval convirtiéndose el hombre con el “Humanismo”, en el centro en torno al que gira todo, y la llegada de la imprenta permitió documentar todas los antiguos saberes populares sobre la hidroterapia.

A principios del siglo XIX, por influencias de la “Ilustración”, surgiría una nueva generación de médicos que adoptaron las terapias curativas de otros tiempos; por otro lado, el siglo XX marcó una tendencia basada en la salud y el bienestar, donde se encontraron los elementos sociales y científicos, necesarios para que hoy, esta práctica continúe siendo una alternativa más que saludable.