Balnearios de cerveza

¡Uuuuh, biiiirra! Es lo que exclama Homer Simpson al ver esta legendaria bebida. En el mundo occidental su consumo está ampliamente extendido, en los países árabes debido a cuestiones religiosas y culturales quizás no tengan especial predilección por este líquido y prefieran tés o zumos.

En Europa la religión no se atrevió a lanzar una campaña contra la cerveza, en buen embolado se habrían metido… Si hubiera sido el islam el que aceptara el consumo de bebidas alcohólicas, en vez del cristianismo… De Faro a Oslo y de Reijkiavik a Atenas se rezaría hacia La Meca, sin ninguna duda. Sin ir más lejos, de sobra es conocido la marca del abad barrigudo con una buena jarra en la mano. Tonta no es la Santa Madre Iglesia que simboliza la sangre con vino.

 

En nuestro Estado cada marca tiene sus devotos, como los pandilleros de los barrios norteamericanos, se reparten el mercado geográficamente, Cruzcampo, Mahou, Estrella Damm, Amstel… cada una tiene su rango de acción, aunque hay una que a través de la diáspora migrante de sus afiliados conquista terrenos cual Cid. Hablamos de Estrella Galicia, quién no conoce al típico gallego sibarita que dice: a mí dame una de esas y no me des lo que sale del desagüe.

Pues en toda esta gente ha pensado los iluminados checos, si a este placer se le podía unir otro, a parte del de departir con tus congéneres, ese eran los balnearios. Ni más ni menos, balnearios de cerveza. Ya te puedes sumergir en tu caldo preferido, en resorts como el Karlovy Vary sin preocuparte por sufrir una deshidratación, puesto que tienes consumo ilimitado de la cerveza de la casa.

Pero como buenos españoles esto no podía quedar así, por lo que sacamos nuestra copia barata. En Cofrentes, sí ahí al lado de la central nuclear, han construido el Beer Cofrentes Village para que si te pilla el apocalipsis radiactivo, te coja bien descansado y bebido.